10 años para restaurar hábitats degradados

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10 años para restaurar hábitats degradados: la década ONU 2021-2030

La conservación de la naturaleza exige de una caja de herramientas bien provista. En la de SEO/BirdLife, por ejemplo, contamos con un amplio catálogo de instrumentos para salvar a las especies y sus hábitats. Unas veces son buenos y rigurosos estudios que nos permiten argumentar ante las administraciones para que se redacten y hagan cumplir leyes adecuadas. En otros casos son proyectos de conservación con instrumentos de gestión que minimicen las amenazas y ayuden a las especies más amenazadas a prosperar. Por supuesto la educación ambiental, la comunicación y las redes sociales consiguen cada día más y más aliados en nuestra causa.

Pero entre todas estas herramientas disponemos de una muy especial, una destinada a curar heridas, reparar cicatrices e incluso resucitar ecosistemas. Esta herramienta se llama restauración ambiental. Tal y como lo define la SER (Society for Ecological Restoration) se trata de «El proceso de ayudar a la recuperación de un ecosistema que ha sido degradado, dañado o destruido». Y es que en la actualidad la conservación de lo que aún nos queda de naturaleza puede no ser suficiente para mantener la diversidad de la vida en nuestro planeta, y por tanto vamos a necesitar hacer mucha restauración ecológica, un concepto que podemos definirlo como lo contrario a la destrucción de la naturaleza o el simple acto de crear algo positivo.  

El 1 de marzo de 2019  la Asamblea General de la ONU declaró la Década de las Naciones Unidas para la Restauración de los Ecosistemas 2021-2030, que tiene como objetivo ampliar masivamente la restauración del medio ambiente degradado y destruido como medida para combatir el cambio climático y mejorar la seguridad alimentaria, el suministro de agua y la biodiversidad.

Esta iniciativa pretende impulsar los actuales objetivos mundiales de restauración, por ejemplo los establecidos en las metas de Aichi, que contemplaba la restauración de al menos un 15% de la superficie de los ecosistemas degradados y los establecidos por el Desafío de Bonn, que pretende restaurar 350 millones de hectáreas de ecosistemas degradados para 2030  y que según los científicos supondría generar 9 billones de dólares en servicios ecosistémicos y eliminar entre 13 y 26 gigatoneladas de gases de efecto invernadero de la atmósfera.

Hoy día la restauración ambiental se ha convertido en una práctica muy extendida entre los países más desarrollados, sobre todo los anglosajones. Se trata de una disciplina iniciada en los años 70 en Estados Unidos como respuesta a la gran degradación sufrida por el desarrollismo imperante tras la segunda guerra mundial y que había supuesto la destrucción de muchos hábitats naturales sobre todo zonas húmedas. Fue precisamente en estos humedales degradados donde comenzaron las primeras experiencias de restauración, que siguieron unos principios muy básicos: ensayo y error, y avanzar sobre el conocimiento aprendido, el denominado modelo adaptativo de manejo.  En la actualidad hay toda una ciencia y conocimiento acumulado que permite afrontar esta ingente tarea con la máxima garantía de éxito, aun así debemos tener en cuenta que la restauración es, como afirma el catedrático de ecología y presidente de la Fundación FIRE, Jose María Rey Benayas, con frecuencia parcialmente exitosa.

Aspecto del entorno de Rostrío tras la eliminación de plumeros, donde ya aparecen orquídeas como las serapias, en primer plano

La necesidad de restaurar ecosistemas

Tres cuartas partes de la superficie terrestre libre de hielo están ya alteradas debido a la acción humana, ya sea como uso residencial o agrícola. Tan sólo un cuarto de esta superficie podemos considerarla como natural, y de esta apenas un 11% como realmente salvaje. Por tanto, la restauración ecológica se erige como la herramienta necesaria para ayudar a revertir la pérdida de biodiversidad y de servicios ecosistémicos en áreas degradadas por las actividades humanas. Pero esto no nos debe hacer olvidar la necesidad que tenemos de trabajar también para preservar grandes espacios terrestres y marinos en estado natural. Así la conservación de la biodiversidad a escala planetaria debe contemplarse a dos niveles, uno destinado a regenerar espacios degradados y otro a conservar, conectar y expandir espacios naturales.

Beneficios de la restauración ecológica

Indudablemente los principales beneficiarios son la propia biodiversidad y los servicios ecosistémicos. Pero, sin duda, los beneficiarios últimos somos las personas, ya que recuperamos áreas degradadas y los convertimos en nuevos espacios saludables donde conectar con la naturaleza. Y es que la restauración ecológica es una de las acciones englobadas dentro de las denominadas soluciones basadas en la naturaleza que según el IPBES puede constituir un tercio de las soluciones al cambio climático.

Una herramienta contra el cambio climático

Recientemente se ha puesto en valor el importante papel que la restauración de los hábitats puede tener tanto en frenar el cambio climático como en mitigar sus efectos. Como bien relata la numerosa literatura científica al respecto, los ecosistemas en mejor estado o en fase de restauración son buenos sumideros de gases de efecto invernadero, situándose a la cabeza los humedales. Por otro lado, desde la propia BirdLife International se ha proclamado la mejora y restauración de hábitats como una de las medidas más importantes para mitigar los efectos que el cambio climático tendrá en el futuro sobre hábitats y especies.

Tres estados: degradado, restaurado y de referencia

Es importante aclarar varios conceptos en torno a la restauración ambiental, ya que esta puede tomar diversas formas. Desde la eliminación de una presa en un río, la retirada de rellenos de una marisma, el control de especies invasoras o la recreación de hábitats desaparecidos. Hay que tener por tanto en cuenta el grado de alteración de los espacios a restaurar. Por razones prácticas y económicas en muchos casos resulta imposible devolverlos a su estado original. En estos casos el trabajo de restauración busca favorecer la implantación de determinados hábitats o especies, o implementar diferentes servicios ecosistémicos, en este apartado la práctica de la restauración ambiental se combina con actuaciones de bioingenieria o similar. En otros casos lo que se persigue es renaturalizar determinados escenarios humanizados como ambientes agrícolas o áreas urbanas. Y por último existe otro tipo de restauración ecológica, el denominado «rewilding», es decir dejar evolucionar los grandes espacios una vez que ha desaparecido el uso humano.

En todo caso, ante la alarmante pérdida de biodiversidad, urge extender las acciones de restauración ecológica por todo nuestro territorio, una labor que SEO/BirdLife lleva tiempo realizando.

Santander, una ciudad enfocada a la restauración ambiental

Santander es uno los municipios de Cantabria donde se han llevado a cabo exitosos y llamativos proyectos de restauración ambiental en los que SEO/BirdLife ha participado activamente. Los humedales son sin duda uno de los ecosistemas que más se han beneficiado de la restauración ambiental, dado la enorme respuesta ecológica que a menudo tienen estos proyectos y sobretodo su valor didáctico. Las Pozonas de San Román o la Vaguada de las Llamas son hoy día dos destacados humedales que en el pasado estuvieron a punto de desaparecer por el crecimiento de la ciudad. Otro ejemplo sería Peñacastillo, antiguamente dedicado a la minería y hoy un singular espacio natural. Destacar también la importante actuación realizada en el marco del proyecto LIFE Stop Cortaderia en el parque litoral norte, donde una antigua escombrera de 6 hectáreas de superficie cubierta de plumeros se ha reconvertido en una interesantísima campiña costera gestionada bajo un régimen de pastoreo dirigido.

Con esta trayectoria, el proyecto Santander Capital Natural ha incorporado a sus planteamientos la restauración de siete áreas degradadas. Los espacios, que abarcan una superficie total de 27 hectáreas, se caracterizan por estar invadidos por el plumero, o Cortaderia selloana, planta exótica invasora capaz de transformar los ecosistemas en los que se asienta. Además de eliminar la flora invasora, los trabajos de restauración incluyen la mejora del suelo y de la cubierta vegetal autóctono, potenciando cuando sea posible el uso público. Los espacios a restaurar se sitúan en la Vaguada de Las Llamas, el entorno de la Virgen del Mar, La Remonta, el Arroyo Otero, las Pozonas de San Román y Ciriego.

FELIPE GONZÁLEZ SÁNCHEZ, es delegado de SEO/BirdLife en Cantabria

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